lunes, 13 de junio de 2016

Un buen modelo de coach


Empecé a trabajar en el mundo del Coaching casi sin quererlo, allá por el año 1994 ya estaba impartiendo talleres para enseñar a los mandos a ser “Manager coach”.

Por aquel entonces yo trabajaba en una empresa que apostaba por lo nuevo, aunque con algo de recelo y siempre si previamente había pasado por Francia. 

Ya había oído hablar del Coaching, pero no me había llegado a formar, aún no existían en España escuelas certificadoras y lo más que había hecho era formarme en modelos de cambio personal como la PNL(Programación Neuro-lingüística) y el DBM (Development Behavioral Modeling).

El caso es que aún no me había certificado en Coaching y ya estaba impartiendo formación sobre el tema. Sin modelos, sin conocimientos….pero con una poderosa experiencia: había tenido la suerte de tener en mi vida grandes coachers, entre ellos a Rodrigo.


Conocí a Rodrigo en una pequeña empresa de Consultoría y Formación, en una diminuta oficina soleada en la que se hacía fiesta cada vez que el jefe se iba de viaje. Yo aún estaba en 4º de Psicología, comencé como becaria con otras dos compañeras de clase, mi tutor sería Rodrigo. Mientras que yo observaba cómo a mis compañeras sus tutores les daban tarea, les decían exactamente lo que tenían que hacer y las instruían en las más aburridas tareas del recorta y pega (por aquella época el corta y pega era literal, con tijeras y pegamento), Rodrigo me pedía consejo sobre la forma de hacer esto o aquello, como si yo supiese algo!!!

Durante el año y medio en que colaboré en aquella empresa, este coach intuitivo y natural, me mostraba lo sencillas, ligeras y divertidas que eran las tareas, con mucha calma, con mucha “guasa”, con mucho respeto y sobre todo con una inmensa confianza en mí. Porque desde el primer momento, cualquiera de mis respuestas fue válida, cualquiera de mis propuestas interesante, muchas de mis soluciones perfectas.

Rodrigo se marchó a otra empresa, yo acabé la carrera, fui a parar a un Psicotécnico a  revisar permisos de conducir, y después de un año de estar perdida de mí misma, volví a encontrar a mi coach en una reunión de compañeros de trabajo. Mientras se tomaba su vino y me preguntaba  por mi pasado y mi futuro, me ofreció la posibilidad de volver a trabajar a su lado. 

Con suerte y algunas pruebas de selección me encontraba de nuevo con mi coach, esta vez en una empresa más grande, más luminosa, en la que yo aterrizaba para ser consultora de formación,  con grandes clientes, en grandes proyectos, en los que Rodrigo me guiaba sin darme instrucciones, sin decirme lo que tenía que hacer, solo pidiendo consejo, solicitando mi parecer, haciéndome tomar conciencia de lo que ya sabía, provocando mi salto para que lo pusiera a funcionar, reforzando en cada momento lo bien que lo había hecho, retomando mis palabras para hacerme comprender…que las cosas eran fáciles, livianas, divertidas… y mezclándolo todo con su “guasa”, su respeto, su inmensa confianza.

Ahora Rodrigo ha publicado un libro, con su compañera de vida Ximena, un libro sobre Coaching Ejecutivo, pero sobre todo trata  de lo que él es, de sus valores, de su forma especial de ver el mundo y de compartirlo. Mientras lo leo es como si le escuchase, con su acento aún chileno y con mucho ya de madrileño.


Rodrigo es mi certificación, el mejor modelo que he podido tener. Es un coach profesional y de vida, ahora mismo nos lo está demostrando: su lucha de hoy vuelve a ser modelo de exploración de nuevos retos, ya va a por el segundo libro, y eso que para él la vida ahora no es nada ligera, ni sencilla y creo que tampoco es muy divertida, aunque él sigue manteniendo su "guasa", su tremendo respeto y esa confianza infinita.

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